Resumen

Se realiza un análisis histórico evolutivo de las charangas de Bejucal, reconociendo desde su surgimiento la impronta a la cultura tradicional de la nación; trascendiendo hasta nuestros días su legado. Se precisa además la percepción del investigador respecto a su estado actual y  la necesidad de rescatar tradiciones un tanto olvidadas, contribuyendo a la preservación y gestión patrimonial, dejando clara su necesidad y trascendencia histórica – cultural concreta, no solo para el territorio, sino para la nación y el patrimonio cultural universal.

Introducción

Las Charangas de Bejucal desde su surgimiento en el año 1840 aproximadamente han tributado a las raíces de lo más autóctono de sus tradiciones en los dos bandos que las conforman (la espina de oro representada por los blancos burgueses y la ceiba de plata representada por los negros esclavos).

A partir de la década del 1990 las Charangas comenzaron a confrontar algunos obstáculos en el orden social, económico, cultural, lo que repercutió en el deterioro de las tradiciones que por tantos años mantuvieron. Estas dificultades han incidido en su evaluación, desde la perspectiva de calidad; encontrando un proceso plegado de incongruencias, poco organizado, desprovisto de una sistematicidad y manifestándose con poco dominio de la gestión patrimonial que debe primar; lo que genera descontento, distorsiones y poca comprensión entre los decisores y los pobladores. Por tanto desde los desafíos que entraña la evaluación de la calidad de las Charangas de Bejucal, se perfila este objeto de investigación en función de su desarrollo sociocultural.

Con la concepción de evaluación, se establece la necesidades de potenciar las tradiciones, la gestión patrimonial, y la participación popular en el proceso evaluativo, con vista a dinamizar el desarrollo sociocultural del territorio y el reconocimiento del pueblo.

Discusión

Origen y surgimie nto de las Charangas de Bejucal

Como muchas celebraciones del mundo, las charangas son grandes fiestas de amplia participación popular, que implican enfrentamientos emulativos entre dos bandos igualmente pertrechados de sus congas, sus comparsas, sus iniciativas y finalmente sus carrozas, máximas exponentes del hecho cultural que representan esas festividades y materialización artística de los contenidos ideo- estéticos de una época, resultando imprescindibles en el imaginario histórico cultural para las comunidades que las crearon.

La misma estructuración organizativa que toma el pueblo al congregarse en dos bandos (La espina de oro y La ceiba de plata) responde ya a la herencia familiar y a preferencias muy personales. La pertenencia a uno u otro bando está determinada, según plantea Mauri (2000) por la educación recibida en la familia, como relevo generacional. Ni la ubicación geográfica de la vivienda, como sucede en las fiestas entre barrios, continua planteando Mauri, O.F (2000), ni la pertenencia a grupo social, gremial o religioso tan esencial para algunas celebraciones carnavalescas, garantizan la filiación a uno u otro bando, o sencillamente a ninguno.

Ser espinista o ceibista parte de reconocer el sentimiento profundo sobre la tradición cultural incorporada y la pertenencia a uno de sus grupos. Es así como bajo un mismo propósito quedan reunidos individuos de disimiles disciplinas artísticas, profesiones y contextos, en una tradición musical, danzaría, artesanal y culinaria que los educa, promueve e inicia en una constante transmisión y difusión de sus valores.

Teniendo en cuenta criterios de Mauri (2000), Barrio (2016), García y Fernández (2022), para estudiar y sistematizar este fenómeno único en Cuba, historiadores, personalidades de la cultura y promotores de la festividad, han realizado, múltiples trabajos entre monográficos y testimoniales. En ellos prima el recuento historeográfico y poco de análisis histórico- cultural. Se han valorado los cambios técnicos y materiales como únicos síntomas de transformación de las charangas. Pero por lo general ha faltado el enfoque de las condiciones socio- económicas que han marcado derroteros en esta tradición, tanto formal como conceptualmente, así como en la presencia y vinculación popular a la celebración. Significativo además es la carencia de indicadores de evaluación y periodización evaluativa de la calidad de las Charangas; imprescindibles para el proceso de retroalimentación y perfeccionamiento de las festividades, en tanto constituyen patrimonio nacional y símbolo de cubanía y tradición bejucaleña.

Teniendo entonces como propósito y finalidad, incentivar la evaluación de la calidad de las Charangas, sistematizando teóricamente el comportamiento de las mismas a lo largo del tiempo, periodizando su proceso evaluativo e incluyendo en los aspectos a analizar, la evaluación de su calidad diseñando indicadores para este fin, lo que incidirá positivamente en la propuesta de una estrategia, donde abarque las tradiciones, la gestión patrimonial y el enfoque sistémico, participativo e integrador.

Aportando a la Administración del territorio y al sistema institucional de la cultura, herramientas teórico – metodológicas - prácticas y estratégicas concretas para este fin.

Desde las más antiguas civilizaciones, ha llegado a la actualidad la costumbre de recibir diversamente, pero de modo festivo, la llegada de las estaciones y los ciclos vitales. Ortiz (1984).

Las celebraciones de advenimiento están difundidas por el mundo entero; aunque en la actualidad los vínculos del hombre con la tierra son menos directos, menos evidentes, estas ceremonias rituales aseguraban a la colectividad humana un vínculo espiritual estable con los procesos naturales de las cuales dependía. Mauri (2000). La connotación social de los ritos de advenimiento les confería un importante lugar dentro del complejo de relaciones productivas de la comunidad, además de regocijo y vínculos más estrechos entre la colectividad.

Los europeos llegados a estas tierras eran portadores de ritos, mascaradas y festividades mítico- religiosas que se efectuaban fundamentalmente alrededor del equinoccio de primavera y el solsticio de invierno. Estas costumbres fueron traídas acá por los conquistadores, por eso en el equinoccio de primavera (marzo), la ciudad de Bejucal realizaba carnavales (costumbre extendida hasta 1965), y el solsticio de invierno (diciembre), las charangas.

Los negros esclavos también eran cultores de tradiciones muy semejantes, en torno al solsticio de invierno. Sin embargo, de todas las festividades relacionadas con el advenimiento de las estaciones, las relativas a la navidad y especialmente la nochebuena (24 de diciembre), fueron las más decisivas.

Se le concedió un día festivo de “libertad” a los negros, como parte de las características típicas de la sociedad esclavista cubana, estos espacios eran propicios para las descarga de tensiones y aflorar sus culturas ancestrales, lo que les reconfortaba de su miserable existencia. Cada región del país eligió el día, a decir de Ortiz (1984); en Bejucal se decide asumir la nochebuena para este día, resolviendo la necesidad de diversión de los esclavos, sirviendo a los dueños para atenuar las relaciones de explotación y violencia desarrollada con el reconocido aguinaldo.

El nacimiento de la tradición charanguera por vías de lo religioso y su paulatina evolución hacia lo profano, es evidente. En sus inicios se ostentaba el legado dramático de las fiestas bejucaleñas, expresadas hasta el presente en la exhibición consecutiva de las sorpresas, con las cuales se configura y se trata de construir una historia (más o menos explícito). De este modo las fiestas carroceras, la música, las congas, los séquitos y comparsas organizan su exhibición. Quizás esto sea el reflejo de los invisibles hilos que las ceremonias del Corpus Christi han tejido en torno al teatro.

Con motivo de la ya mencionada celebración de Noche Buena los dueños de dotaciones de esclavos daban este día de asueto y los negros salían de la parte sur de la ciudad recorriendo las calles de Bejucal, iluminadas con hachones, danzando y cantando canciones de sus tierras lejanas, hasta llegar a la iglesia, Cruz (1984), como se cita en Barrio, (2016).

Así, año tras año, iba naciendo una rivalidad entre los bejucaleños por llevar mayor cantidad de vecinos a los cultos navideños. Terminada la ceremonia, los grupos se encontraban en las diferentes calles de la ciudad y los cabildos regresaban a su humilde caserío, donde los tambores continuaban tocando hasta bien entrada la madrugada.

El surgimiento de los dos bandos rivales data del período de formación de la tradición congos y carabalíes se diferenciaban por las vestimentas, los colores y símbolos. Los congos y sus seguidores escogieron el color rojo para que junto al gualda identificara sus banderas; el gallo, símbolo de este bando fue escogido porque inspiraba o levantaba el canto en las fiestas y ceremonias de los afrocubanos.

Por otra parte, los carabalíes se asumieron el color azul y el alacrán, animal relacionado con los cultos sincréticos afrocubanos. En un principio, la población de origen español se fue involucrando en estas celebraciones con el objetivo de burlarse despectivamente de estos grupos marginados por su condición socio-racial.

Posteriormente, la intervención de criollos blancos y de las capas medias, fue quizás un modo de controlar lo que había surgido espontáneamente, esta mediación trajo consigo un cambio en los códigos culturales, el rojo por ejemplo fue identificado como el bando de la bandera española, dejando atrás todo lo que había constituido una tradición de cabildos africanos. Los peninsulares y sus partidarios se proclamaron Malayos, término que remite al gallo de color rojo y estaba integrado por los españoles de clases medias urbanas. Quizás ellos mismos hayan denominado Musicanga (música ratonera de mala muerte) al grupo contrario que se amparó bajo el color azul, el tradicional gallo y estaba compuesto por los artesanos negros y mulatos, esclavos y libres.

La cita entre ambos grupos fue la Plaza de la Iglesia, ubicándose Los Malayos al costado de la fondaposada: El Gallo y La Musicanga paralelamente a estos en la calle Luna. A finales del siglo XIX, esta tradición había evolucionado, dejando de ser marginal, y únicamente para los negros esclavos; convirtiéndose en la festividad emblemática de la Ciudad, donde todo el pueblo expresa cada 24 de diciembre, sus valores socioculturales identitarios, Perera (2005), como se cita en Couceiro (2015).

Evolución y actualidad de las Charangas de Bejucal

Los años posteriores a la guerra de los Diez Años fueron de cambios significativos y profundos en las sociedades, motivo por el cual se vieron afectadas Las Charangas bejucaleñas. La abolición de la esclavitud, la reorganización de los partidos políticos y las sociedades de color, entre tantos otros factores, propiciaron la prohibición de los cabildos. Así, aunque ya los cabildos no existieran como institución que animara las fiestas, la comunidad la había hecho suya, manteniéndola como tradición.

Al iniciarse la República y con ella un tiempo de transformaciones, los bandos reaparecen como La Espina de Oro y La Ceiba de Plata. Se cree que estos nombres fueron adoptados en el caso de La Ceiba porque es un árbol simbólico, divino y venerado para los creyentes en la religión afrocubana; de plata, pues este metal blanco se caracteriza por una sonoridad peculiar y por ser un elemento muy llamativo para realizar decoraciones.

Por otro lado, es posible que escogieran La Espina como símbolo de lo que incomoda y el oro por ser superior a la plata, es el metal precioso por excelencia y quien lo posee es considerado afortunado, Perera (2005), como se cita en Alfonso (2009).

Con el Triunfo de la Revolución, las Charangas dejaron de ser una fiesta organizada por el pueblo para convertirse en un espectáculo dirigido en los primeros años por el gobierno municipal y a partir de 1982, por la Comisión Municipal de Cultura, Rodríguez (1986), como se cita en Mauri (2000), este hecho ha propiciado que la rivalidad que identificaba y marcaba muy de cerca a los habitantes de la Ciudad comenzara a decrecer; después de haber sido un elemento distintivo de esta fiesta por un largo período. En la actualidad, las Charangas continúan siendo un acontecimiento cultural de marcado interés nacional e internacional, independientemente de las limitaciones económicas.

El concierto transculturado de esas tradiciones festivas universales, según plantea Ortiz (1984) se encuentra en el origen de las charangas, realizadas al culminarse las nueve misas que anteceden a la nochebuena, conocidas por el Novenario de Aguinaldo, y que concluyen el 24 de diciembre con la misa del gallo, siendo conocido además, la tradición de las fiestas navideñas en Cuba. De estos antecedentes entre europeos y africanos que poblaron el país, y su transculturación, fusión de tradiciones festivo- religioso, nacieron las Charangas de Bejucal.

Teniendo en cuenta estos antecedentes histórico – culturales, se evidencia la necesidad de continuar fortaleciendo las tradiciones asociadas a las festividades que ya ostentan cerca de 2 siglos y constituyen baluarte indisoluble de la cultura bejucaleña, cubana y universal.

Es por consiguiente, necesaria la perpetuidad de las charangas, la gestión patrimonial del territorio cada vez más en función de las tradiciones y la cultura popular; en lo que la evaluación de la calidad de las mismas, su desarrollo y perfeccionamiento continuo, juegan un importante papel.

Percepción desde y para la preser vación de la identidad cultural

La evaluación de la calidad de las Charangas de Bejucal incide por tanto, en la construcción social de su identidad social, toda vez que se perfeccionan, fortalecen sus tradiciones y se retroalimentan los barrios, en función de sus identidades, interactuando con el entorno y potenciando los valores socioculturales.

En función además de las relaciones interculturales de Phelan et al. (1991) como se cita en Barrio, (2016) lo cual permite conocer el entorno, las múltiples interacciones identitarias y culturales en el territorio, los bandos que intervienen en las charangas y sus particularidades, inciden positivamente en la calidad de las fiestas populares conocidas como Charangas de Bejucal, porque se tiene mayor medida de los recursos existentes y disponibles, vías con las que se cuenta para la gestión sociocultural, como es el bando, que influencia recibe y como se percibe el desarrollo a alcanzar.

La diversidad humana es real, objetiva, innegable e ineludible, por lo que conocer el entorno, la multiculturalidad, las tradiciones, las relaciones socioculturales e identitarias, incide positivamente en la preservación de valores patrimoniales, el reforzamiento de las tradiciones y el desarrollo social del territorio.

Otro de los referentes se establecen en el marco del sujeto desde el desarrollo cultural, de Vigotski (1893, 1934), como se cita en Bermúdez (2003), donde es inseparable la naturaleza de la psiquis humana y su relación con el entorno ecológico –cultural.

Además establecer relaciones entre mente y cultura se hacen imprescindibles para entender la conducta y la actividad humana, donde la conciencia se erige como organizadora de la actividad y esta a su vez esta mediada por artefactos culturales; por lo que la evaluación de las charangas es clave para su perfeccionamiento y desarrollo sociocultural en el territorio.

La evaluación de las charangas están mediadas socialmente por la cultura y su interacción con el entorno ecológico-cultual, por lo que la vida del hombre se basa en la utilización de la experiencia y la conciencia se erige como organizadora de la actividad, teniendo en cuenta la personalidad de cada cual.

Asumiendo entonces como cultura “...el conjunto de rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias” UNESCO (1998).

También considerado como un sistema de valores en el que todas sus manifestaciones están interconectadas distintivamente entre sí, Couceiro (2015).

Es por consiguiente una necesidad ineludible perpetuar las tradiciones que se manifiestan en las charangas; en tanto constituyen componente esencial de la cultura, pueden ser traducidas como la transición de conocimientos ancestrales que contribuyen a conformar los soportes culturales comunitarios. Preserva las características de tiempos anteriores y de relaciones sociales ya desaparecidas, pero que persisten e influyen en la memoria de los descendientes de estas comunidades, García y Fernández (2022).

La importancia social de las tradiciones de una región determinada, se enmarcan en la colectividad, en formar parte de ella, desde grados de participación variables. Gran parte de la población de la localidad o fuera de ella, siente la necesidad de participar en las celebraciones de estas tradiciones que les traen gratos recuerdos. Esta participación puede ser activa o pasiva, Albellar (2007).

Todo lo cual conlleva a la preservación de la identidad de los bejucaleños y sus festividades tradicionales. La identidad entonces, según el Diccionario de la Real Academia (2007) es el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracteriza frente a los demás; la conciencia que una persona tiene de ella misma y distinta a las demás. Proveniente del latín ÏDEM, que significa el mismo o lo mismo; este vocablo surge en el siglo XV, aproximadamente en el año 1440 Corominas (1995), como se cita en Alfonso (2009). A finales de este siglo se produce el descubrimiento de América, aparejado a este proceso y como elemento fundamental se encontraron recogidos en las crónicas de la época los primeros intentos de acercamiento a lo que se denomina hoy identidad.

Debe acotarse que dentro de los primeros pensadores que le dieron significado a esta expresión, desde un enfoque clásico, está Aristóteles, quien la concibe como: “Uno de los principios fundamentales del ser y como una ley lógica del pensamiento”. El principio antológico de identidad o de “no contradicción” afirma que todo ser es idéntico consigo mismo y por lo tanto, una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y desde un mismo punto de vista

El propio filósofo entiende la identidad relacionada con los números, expresándose sobre el número, la especie, el género, Arrieta, (2005), como se cita en García y Fernández (2022).

De este enfoque se derivan en la actualidad, diversos estudios que la conciben como una identidad numérica. Filósofos de varias épocas como Parménides, Heráclito, Locke y Leibniz aportaron su visión respecto al tema. Hegel, por su parte, introduce distintivamente la relevancia de “la diferencia” en la definición de la identidad, al percatarse de la necesidad de una diferencia, y considerar que no se puede hablar de identidad si no se contemplaba la diferencia de ese “algo” con respecto a “otro”, Barrio (2016). Así, poco a poco, fue construyéndose este concepto y sufriendo transformaciones que aportaron de diversas maneras elementos indispensables para su definición.

El psicoanalista norteamericano Erikson, inició una nueva era en los estudios de identidad, considerándosele el pionero de esta materia dentro del campo de las Ciencias Sociales, previendo la importancia que adquiriría este tema en la actualidad. Reconoce que el término identidad expresa una “relación mutua que connota a la vez una persistente conciencia de mismidad, de ser uno mismo, y una persistente capacidad de compartir caracteres esenciales con otros”, Bermúdez (2003).

Esto conlleva a reflexionar sobre la relación mutua que deviene en conciencia de mismidad, de ser uno mismo y diferenciarse de los demás. Por ello no se puede ver aislada de sus componentes afectivos y de actitudes. Erikson tenía una visión muy bien definida de que el entorno o contexto social juega un papel clave en la creación de la identidad personal, donde el juicio de los otros es crucial.

Particularizando en la identidad cultural, como señala Cuche (1996), aparece como un modo de catalogar la distinción “nosotros/ellos”, fundada sobre la diversidad cultural. El autor hace una distinción entre dos concepciones fundamentales en las que la identidad cultural se desenvuelve; el enfoque objetivista y el subjetivista.

La postura objetiva, define la identidad desde objetivos comunes (herencia, genealogía), la lengua, la religión, la psicología colectiva o “personalidad de base”, el territorio, entre otros. En una posición opuesta se encuentran la visión subjetivista, donde la identidad cultural no puede ser reducida a los atributos, ni considerarse inamovible.

Se define la identidad etnocultural, como una sensación de arraigo, de adhesión, o un reconocimiento a la colectividad en mayor o menor medida imaginaria, o sea, las representaciones que se hacen de la realidad social y de sus divisiones.

Es por consiguiente necesario evaluar el desarrollo de las charangas, para establecer estándares valorativos, comparativos y se tenga la medida de la calidad. Se percibe desde la analogía entre los resultados esperados y los reales.

Se realiza para constatar el grado de acercamiento al objetivo, ofreciendo espacios, posibilidades y ocasiones para aprender de la vivencia, experticia y mejorar la calidad; garantizar el éxito, evitando el fracaso, CEPES (2015).

La evaluación de las Charangas de Bejucal permitirá concebirlas de un modo más holístico, redimensionando los aspectos menos logrados de sus tradiciones, para su preservación en el tiempo, otorgándole valor a la gestión patrimonial, desde la visión social, cultural, participativa, siendo el reflejo de la cultura de la localidad y por consiguiente de la nación.

Conclusiones

Se establece el origen y surgimiento de las charangas de Bejucal y por consiguiente su proceso de transculturación y fusión de tradiciones festivo-religiosa que se constituyen baluarte indisoluble de la cultura universal, cubana y bejucaleña. Se reconoce la importancia de perpetuar las charangas de Bejucal y su evaluación es vital para la garantizar el desarrollo y calidad de sus tradiciones. La evaluación de las charangas está mediada socialmente por la cultura, concebida para perfeccionarlas, perpetuar las tradiciones, los valores patrimoniales y su gestión de manera integral, participativa y en función de la participación popular.

Referencias

Albellar, R. (2007). La Ceiba de Don Alejo: su repercusión cultural. Propuesta para la potenciación de su impacto. Estudios Socioculturales. San José de las Lajas. Universidad Agraria de La Habana.

Alfonso, A. (2009). Plan de acciones para fortalecer la identidad comunitaria de los bejucaleños, hacia las Charangas como tradición popular. Trabajo de Diploma en opción al título de Licenciada en Sociocultural. UNAH.

Barrio, B. Y. (2016). Plan de actividades que tributen al fortalecimiento de los elementos tradicionales de las Charangas de Bejucal, para preservar su esencia. Tesina presentada en el Diplomado de Administración Pública. XIII Edición. UNAH.

Bermúdez, R. (2003). La teoría histórico-cultural de L.S. Vigotsky. Algunas ideas básicas acerca de la educación y el desarrollo psíquico. En Moreno, M. J. (comp). Selección de lecturas de psicología del desarrollo. Formato digital.

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Corominas, J. (1995). Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. La Habana. Edición Revolucionaria.

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Mauri, O.F. (2000). De la mágica cubanía: Charangas de Bejucal. Ediciones Unión. La Habana. Cuba.

Ortiz, F. (1984). Ensayos etnográficos. Editorial Ciencias sociales. La Habana. Cuba.

Perera, A. (2005). Africanía en las Charangas de Bejucal. La Habana. Unicornio.

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Citas